La sombra se hizo cuerpo
El cuerpo se hizo ausencia
La ausencia se hizo presencia
La presencia se hizo recuerdo
El recuerdo se hizo olvido
El olvido se hizo secreto
El secreto se hizo abismo
El abismo se hizo cielo
El cielo se hizo fuego
El fuego se hizo espejo
El cuerpo se hizo ausencia
La ausencia se hizo presencia
La presencia se hizo recuerdo
El recuerdo se hizo olvido
El olvido se hizo secreto
El secreto se hizo abismo
El abismo se hizo cielo
El cielo se hizo fuego
El fuego se hizo espejo
El espejo se hizo río
El río se hizo sueño
El sueño se hizo vacío
El vacío se hizo destino
El destino se hizo memoria
La memoria se hizo miedo
El miedo se hizo instante
El instante se hizo tiempo
El tiempo se hizo universo
El universo se hizo silencio
El silencio se hizo voz
Y la voz apenas eso...
El tiempo se hizo universo
El universo se hizo silencio
El silencio se hizo voz
Y la voz apenas eso...
la realidad de tus palabras
ResponderEliminarenaltece tus bellos momentos
Un abrazo intenso
Gracias, Mucha. Así salen las cosas. Lo duro fue (sigue siendo) encontrar con qué ilustrarlo... Otro para vos.
ResponderEliminarY toda ella se hizo espiral de tus torbellinos. Uauh!
ResponderEliminarPor qué no? Muy bueno eso. Lo que me gusta es que nada se convierte en otra cosa sino en su revés. Gracias, Ning.
ResponderEliminarY así sucesivamente y vuelta a empezar.
ResponderEliminarGenial, este poema.
Gracias, Juan. Un sucesivo retorno. Eso sí que está bueno...
ResponderEliminar