Que la muerte me encuentre
Tirado por ahí
Haciéndome el muerto…
Así sigue de largo.
(Así salió este tanka, ni bien me enteré por la tele;
obvio, parafrasendo su frase)
Gracias siempre, Indio!!
carlos perrotti
(Así salió este tanka, ni bien me enteré por la tele;
obvio, parafrasendo su frase)
Gracias siempre, Indio!!
1370. El legendario diseñador de moda italiano
Giorgio Armani (1934-2025) falleció el 4 de septiembre a los 92 años. Hasta el
último día no sólo fue un visionario de la moda sino también un apasionado
amante de los gatos. Pasó sus últimos años en Milán con sus dos gatos: Angel,
con quien protagonizó numerosas campañas de adopción, y Mairi. Armani utilizó
su fama y fortuna no sólo para el mundo de la moda sino también para
concientizar sobre el abandono animal. En una entrevista dijo: «Mi familia
siempre ha tenido animales; nos educaron para tratarlos bien. Creo que los
animales traen vida y alegría a cualquier hogar. Me encantan especialmente los
gatos porque son independientes y orgullosos. Sólo se les puede acariciar
cuando ellos quieren. Pero a pesar de eso son verdaderos amigos, te brindan
libertad y llenan cualquier ambiente con una calidez especial».
1369. “Escribo para exorcizar mis demonios que, aunque no lo crean, son más que mis ángeles. Escribo para sacar afuera mi tristeza, para elevar una plegaria a todos mis gatitos que me observan desde su cielo. Primero fue Tomi, el michi de mi hija, al que vi como cuatro perros lo asesinaban y yo, cerco de por medio, no pude hacer nada. Luego, mi Momo, el gato más bueno, mi compañerito de vida que se fue una mañana, a su ronda habitual, y ya no regresó. No olvido su última mirada, su irse por nuestro jardín moviendo su culito gordo y luego... ¡Esa llamada telefónica! Ese aviso de "a tu gato lo mató un perro". Tirar sus cenizas en nuestro jardín apenas fue un intento de calmar mi angustia. Entonces... apareció Morrison y supe siempre que él -Momito- me lo había enviado para calmar mi tristeza. Si bien un michi no reemplaza a otro, con Morri volvieron mis rutinas gatunas, las caricias, la ternura, los ronroneos y así, aún extrañando cada día a Momo, pasé otros cuatro michiaños felices con su compañía de "medio tiempo". Es que, literalmente, no era mi gato. En sentimientos sí lo era. Vivía en una casa vecina, pero se pasaba el día completo conmigo. Sólo cuando el ocaso dejaba caer su manto de nostalgia, yo ponía su comida en el hall frío y lo despedía: "hasta mañana Morri, tenés que ir a tu casa", y entonces cerraba mi puerta y él, luego de comer, salía por la puertita gatera aunque siempre lo hacía con pocas ganas. Creo que, si lo hubiera dejado, se hubiera quedado conmigo también por las noches. Hasta que... un día dejó de venir, y al siguiente...¡y pasaron 6! No estaba en la cuadra, en mi jardín, en ninguna parte. Fui a tocar la puerta de mi vecina con el corazón apretado, con el temor de oír la peor noticia. No. No lo había matado un perro pero... ¡allí estaba! Flaquito, casi sin moverse, con la mirada triste. No obstante, me pareció, su expresión gatuna cambió al verme. Cáncer de hígado, era su diagnóstico y ya no tenía fuerzas. La vecina me permitió traerlo, y así se sucedieron seis días. Lo iba a buscar y, luego de unas horas, lo llevaba de regreso. Y con enorme alegría, dentro del gris panorama, yo veía cómo él se sentía mejor en mi casa, ronroneaba bajito, con la poca fuerza que le quedaba, cuando yo lo acariciaba y él miraba por su ventana preferida. Finalmente, la vecina, me dijo que fuera a buscarlo para nuestra despedida. Al día siguiente lo llevaría para que lo duerman para siempre. Y desde entonces no puedo olvidar el momento en que ella -la vecina- vino a buscarlo. Morrison se aferraba a mí y no quería irse. Pocos días después de tan triste despedida, apareció Michifou, el gato "naranjita" ¡Él sí que era "callejero por derecho propio"! Tanto que sin dudas digo que -como en la novela de GGM- su andar callejero era la "Crónica de una muerte anunciada" No obstante, vino durante casi un año. Algunas veces, pasaba la noche en mi casa y yo me entusiasmaba pensando que, tal vez, finalmente elegiría vivir sin tanta libertad pero a resguardo de los peligros de la calle. ¡las veces que llegaba lastimado! Pero no hubo caso. Ya lo dije: "era callejero por derecho propio" De todos modos, saber eso, no me evitó el duelo. Como era esperable, un día dejó de venir. No supe que le sucedió pero puedo imaginar algunas maneras de muerte violenta. Gente mala entraña que envenena michis ¡si que las hay! perros callejeros -o no- que los atacan ¡también! Y mi vida siguió signada por esas "apariciones gatunas": Se va uno, llega otro. A los pocos días que dejó de venir Michifou... ¡Apareció Titi! También "medio tiempo" (Era de otra casa del barrio) Pero ya no quiero escribir. Ya no quiero contar que hacen exactamente nueve días que también desapareció. ¡Lo extraño tanto! Volveré, algún día, sobre el tema. Pero no hoy. Hoy estoy demasiado triste y prefiero salir a mi jardín a esperar, otra vez, que llegue como siempre contento, pidiéndome mimos y comida. (Conmovedor relato de Lucía, en la foto con Momo, publicado el viernes 27 de febrero de 2026 -y todavía me dura la emoción- en su imperdible blog https://quemeimportatupasado.blogspot.com/)
1368. “El gato toma su estatura real / Enardecido
crece hasta el techo/ Huye por ventanas imaginarias / La noche es pequeña para
sus ojos reflectores / Su cuerpo, artificio del embrujo / En el amanecer/
Cuando el día cae como una estatua a los pies de la rutina / El gato es un
caracol en la silla de los descansos…” (Poema de Nadia Contreras, escritora,
poeta y académica mexicana)
1367. Esta fotografía fue tomada en 1954 por el
fotógrafo japonés Ishii Akira para retratar el amor de Jirō Osaragi por los
gatos. Osaragi fue un escritor japonés conocido por la serie histórica sobre el
enmascarado espadachín justiciero Kurama Tengu, ambientada en el Japón de
finales del periodo Edo (1603-1868) bajo el Shogunato Tokugawa. Osaragi vivió durante
10 años con su gato en la habitación 318 del Hotel New Grand de Yokohama antes
de establecerse en Kamakura donde logró tener más espacio para cuidar de más
gatos. Dejó registro en sus diarios personales sobre su cuidado y sustento para
más de 500 gatos, muchos de ellos semisalvajes. “Los cuido y convivo con ellos,
pero no soy su dueño”. Su extensa colección de libros, estampas y objetos
relacionados con los gatos se convirtió posteriormente en una atracción central
del Museo Conmemorativo de Jirō Osaragi en Yokohama. También su casa en
Kamakura abre al público en la actualidad y allí los visitantes pueden pasar el
día entre gatos, muebles, enseres y bibliotecas del gran escritor Jirō Osaragi.
1366. Instantáneas gatunas - Gato con barbijo.
Fotografía de una familia con su gato durante la epidemia de gripe española de
1918.
1365. Królewna Kotka (La Princesa Gata), obra de
1928 del escultor polaco Konstanty
Laszczka (1865-1956). El artista se inspiró en un cuento popular polaco que
escuchó en su niñez. En su libro de 1927, Gawędy z uczniami (Conversaciones con
estudiantes), Laszczka comparte el cuento sobre una benevolente y hermosa
princesa que es convertida en una gata negra por una bruja celosa. En el cuento
el color del pelaje de la gata va cambiando de negro a marrón y finalmente a
blanco puro según el amor que ella recibe. De ahí que Laszczka creó una
escultura negra (la que se ha perdido), una marrón y una blanca que se
conservan en el museo de Dobre. Laszczka estudió en París de joven recibiendo
una profunda influencia de Rodin en cuanto al tratamiento de la figura humana,
a la que nunca debía tratar como una forma acabada sino en pleno proceso de
transformación.
1364. “Debía llamarse Catalina, pero como nadie
en la casa le daba bola y yo la llamaba «¡Eh gatulina, vení gatulina...!»,
terminó llamándose así. La Gatulina era desmesuradamente gorda, tenía la cola
cortita, un carácter espantoso, gruñía si alguien se le acercaba y le faltaba
un ojo. Lo perdió una tarde, cuando la llamé y saltó a la calle justo cuando
pasaba un auto. Salí y no la encontré. Desapareció un día entero y a la mañana
esperaba en la puerta, con un bulto negro en el lugar del ojo. Se lo sacaron y
yo, lo juro, averigüé por ojos de vidrio para gatos. Pero había que importarlos
y valían una fortuna. La dejaron así nomás, y me acostumbré. Es más, cuando
veía a otros gatos me impresionaba. Demasiados ojos. La Gatulina y yo
convivimos 15 años. Se mudó conmigo a cuatro casas distintas y le compré las
comidas más exóticas. La gente se quedaba mirándola, como a un auto de
colección. Una vez estaba con ella en la vereda, sentado en el umbral, y una
parejita se paró para mirarla bien. Me preguntaron, señalándola con el dedo:
–Qué es? No me ofendí para nada. Al contrario. –Una gatulina –contesté. Ella
gruñó, satisfecha. Era inteligente, mala, egoísta, comía como lima nueva, sabía
abrir puertas bajando el picaporte y me quería en silencio. Amé a la Gatulina
como a pocos seres en este mundo.”, nos cuenta el periodista y analista
político argentino Hugo Asch.
1363. “Desde la luna llena del campanario de
Montblanc el viejo gato añora los ecos por las azoteas de aquel febrero
carnavalesco en el que se disfrazaba de amante devorando la noche a bocados de
aliento y zarpa que desgarraba las sombras huidizas de los muslos húmedos y
cálidos de aquella princesa felina entregada bajo los tejados resbaladizos
donde se quebró el alma y el espinazo el pobre y viejo gato. Amén.”
(Sinpuntosnicomas op.119 editado en el Instagram del muy personal poeta fotógrafo
Luis San Andrés Malo, de quien también recomiendo su blog De barro y luz - https://versoabeso.blogspot.com/)
1362. Pintura de un mono acunando en brazos a un
gatito realizada por el maestro chino Yi Yuanji de la dinastía Song, siglo XI
d. C. (c. 1000-1064), célebre por sus representaciones de gatos y otros
animales extraordinariamente realistas.
1361. Odiseo Elytis es uno de los principales
poetas griegos del siglo pasado y el segundo en ganar el Premio Nobel de
Literatura en 1979. Falleció el 18 de marzo de 1996, dejando una profusa obra
que destaca por su himnología a la naturaleza griega y del Egeo, así como por
la valoración y combinación del hiperrealismo con la tradición, la cultura y la
lírica griega. Para él los gatos tienen un conocimiento secreto de la vida que
el hombre desconoce, por lo que postula sobre la necesidad de volver a un
estado de ‘panteísmo sagrado’ donde el gato sea un sensible exponente y el
hombre no pretenda ya dominar a la naturaleza siendo consciente de formar parte
de ella.
“Amado Bob”, búsquenlo en Spotify o en Youtube, un
podcast sobre Bob Dylan y sus canciones, una recorrida a lo largo de su obra e
historia como artista a través de la infinidad de versiones que ha hecho de
tales canciones en lo que va de su carrera, tanto de lo que ellas han reflejado
como de la influencia que han tenido en el tiempo histórico que les ha tocado
atravesar… En este primer episodio presentamos la tal vez más emblemática
canción de su etapa inicial, Blowin' in the wind… Soplando en el viento.
- Amado Bob, Episodio 1 -
Sólo existe
Un inasible presente
Interminable
Entre un eterno ayer
Y un mañana que es
Inalcanzable
Un simultáneo devenir
Irrefrenable
A la vez incesante
No hay más que este hoy
Eco eterno del ayer
Siempre por venir
Mientras que el mañana llegó
Pero ya se fue
Qué será lo que viene después no sé
1360. Adolphe León Willette, (Châlons-sur-Marn,
31 de julio de 1857 - París, 4 de febrero de 1926) amante de los gatos, fue un
pintor, ilustrador y caricaturista francés, conocido por ser el arquitecto del
famoso cabaret Moulin Rouge. Además incursionó en política presentándose como
candidato "antisemita" en el distrito 9 de París para las elecciones
legislativas de septiembre de 1889. En su biografía consta que estudió durante
cuatro años en la Escuela de Bellas Artes de París bajo la tutela de Alexandre
Cabanel, amigo dilecto del Poeta Rimbaud y tantos intelectuales de entonces, lo
que le dio oportunidad de posicionarse entre los humoristas gráficos y artistas
de Francia. Ya en comedia o tragedia, en trivialidad delicada o en sátira
política, su obra lo muestra con una profunda sensibilidad creativa. Fue muy
prolífico y contribuyó a la ilustración francesa con varios seudónimos:
"Cemoi", "Pierrot", "Louison", "Bebe" y
"Nox", de los que se dice fueron los nombres de algunos de sus gatos.
Tuvo participación en la placa identificatoria del mítico cabaret “Le Chat
Noir”, ya que hizo el diseñó original (un gato en la luna) en el que luego se
basaría Théophile Steinlen para crear el icónico cartel estilo art nouveau del
mismo local. (En imagen vemos cómo Willete se autorretrató de joven con su gato
negro Noir sobre su tablero de trabajo.)
1359. 'Es fanático de los gatos. Convive con dos:
García y López. “Son sanadores. Una vez tenía inflamado un ganglio y ellos me
curaron con sus ronroneos", aseguró en el programa televisivo “Cantando
2020” el comediante y presentador argentino Juan Martín Rago, conocido
artísticamente como Jey Mammón.' (www.infobae.com)
1358. “Árbol y gato / Se juntan dos pasiones /
Viento y fuego / Siempre curioseando / No dudéis que os quiero” (Precioso sincero
tanka encontrado en el Instagram de Milena, poeta que edita el exquisito blog https://chymundaendanza.blogspot.com/ que recomiendo visitar)
1357. En vida de Claude Monet, el gato de
cerámica que alguien le había traído de Japón permaneció por años acurrucado sobre
un almohadón, allí donde al maestro impresionista francés le gustaba verlo, en
el luminoso comedor amarillo de su casa y atelier de Giverny, rodeado de
grabados y pinturas japonesas. Sin embargo, tras la muerte del pintor, el gato
de cerámica un día desapareció, desconociéndose hasta hoy por qué razón, si
acaso fue sustraído por algún visitante de la casa o entregado por alguien a
algún coleccionista. En fin, esa parte de la historia aún nadie la ha revelado.
El asunto es que tras la pesquisa organizada por el Ministerio de Cultura
francés y la Fundación Claude Monet finalmente, luego de varios años y a partir
de la denuncia, se logró dar con el paradero de dicha reliquia, la cual estaba
en poder del marchante japonés de arte y numismática Hideyuki Wada, quien inmediatamente
"deslindó responsabilidades" donando el gato de cerámica al museo que
es hoy la casa y atelier de Giverny, adonde de inmediato regresó para volver a
permanecer acurrucado sobre el mismo almohadón en el que Monet disfrutaba
exibirlo para admiración de sus visitantes.
1356. El Bake Neko Matsuri (Festival del Gato
Monstruo) se celebra en el barrio de Kagurazaka en Tokio, Japón, durante el
segundo fin de semana del mes de octubre. La gente asiste disfrazada o maquillada
como gato para el gran desfifle temático que remite al de Halloween con el
aditamento de que conecta con el folklore de los gatos mágicos sobrenaturales o
‘bakeneko’ de la milenaria mitología japonesa. El festival incluye bailes,
espectáculos musicales, puestos de comida y bebidas típicas y de venta de
mercadería alusiva para los amantes de los gatos que en Japón son la gran
mayoría.
1355. “Enséñame tu lenguaje de gato; / el
parpadeo lento, esa mirada cristalina, / el ronroneo con los labios apretados /
y el siseo con la boca abierta. / Déjame caminar con paso tranquilo, con la
nariz en alto. / Enséñame a ignorar los llamados que te hacen. / Que sólo me
interesen el temblor lejano de una caja de galletas, / el tintineo de un
tenedor en un plato de porcelana. / Enséñame ese truco de desaparecer / donde
aparecen abolladuras en los cojines cuando notan tu ausencia. / Muéstrame el
viaje por la cuerda floja a lo largo de las vallas / hacia escondites que nadie
más que vos sabés que existen…” (‘El lenguaje del Gato y otros poemas”, libro
de Rachel Rooney, ganadora del Clippa Poetry Award, publicado en 2011)
1354. “No sé si escribiste: «Llueve fuera de mí» o «Huyo hacia fuera de mí». / Son trazos que no alcanzo a descifrar, / ahora que intento ordenar tus emociones veloces, / los gestos repentinos con los que sorprendías poemas desprevenidos / en la rendija de la ventana, en días como este. / Aquel día buscabas un cuaderno perdido / en el cuarto, en el salón, quién sabe dónde / pero yo sabía, y todos lo sabíamos, que buscabas algo más. / Los fantasmas de la casa, en realidad, sabían más que vos. / Tras las dobles ventanas, implacables, que aplastan el sonido, / el viento arrastraba la lluvia desde el norte hasta el sur del país. /Abriste entonces la ventana y el sonido entró, verdadero, / como la obertura de una ópera ensayada durante meses / y que ahora te parecía inevitablemente perfecta. / La gata intentaba jugar contigo. / Pero en aquel instante vos y ella sólo sintieron la lluvia, / sin pensar siquiera en sus consecuencias. / Llovía. Y bastaba. Ambos compartisteis un asombro animal. / Sacaste las manos hacia fuera y la gata huyó, / tal vez intuyendo la posible caída del agua sobre su lomo. / La lluvia resbaló entonces por los nervios vivos de los dedos de tu mano abierta. / Intentabas en vano apresar el invierno, / esa gracia atmosférica que ningún documental / sobre la condensación habría sabido explicarte. / Fue entonces cuando, por fin, te preguntaste / con verdadera seriedad / si vivir no basta.” (Gran poema que Luís Palma Gomes, poeta portugués, en la imagen que me envió por mail tratando de tener en brazos a su díscola gata Gaia que de ningún modo acepta fotografías. (https://arvorecomvoz.blogspot.com/ es su impecable blog que les recomiendo visitar.)
1353. George Harrison con su gato persa blanco
con un ojo celeste y el otro verde en una foto de 1965. George amaba a los
gatos y muy especialmente a Korky, su primer gato en plena beatlemanía tras
mudarse a su casa de Kinfauns en 1964. Korky recibió su nombre del gato del
cómic 'Dandy', obra que George leía de niño. Era un gato tal vez sordo, como
muchos gatos blancos con ojos de colores mixtos, pero muy travieso y juguetón,
del que Pattie Boyd, por entonces novia de George, refirió: “Nunca olvidaré
llegar a casa un día y encontrar las cajas con las cartas y paquetes de los
fans de George esparcidas por el piso. Parecía que alguien había entrado y nos
había robado. Hasta que de pronto vemos que un paquete dirigido a nuestro
adorable Korky estaba abierto, un paquete de una bola de hierba gatera, de esa
que enloquece a los gatos. ¡Qué inteligente que era Korky! Nos miraba con esa
cara de ‘yo no fuí’. Había olfateado y abierto su propio correo enviado por
algún fan.”
1352. Gran amante de los gatos, el dramaturgo
Noël Coward le escribió a su pareja, Graham Payn, desde Jamaica en
1971:“Croydon, que acaba de clavarme las garras en el tobillo, te envía también
sus cariños. Es egoísta, no reprime sus malos sentimientos y le cuesta ser un
poquito más dócil. Pero cómo lo amo…” (Las imágenes corresponden a una sesión
fotográfica en el estudio del célebre Richard Avedon)
1351. Criada en la campiña inglesa, desde niña
Elizabeth tuvo numerosas mascotas, aunque su predilección siempre fueron los
gatos. Uno de los más conocidos fue Cassius. En 1974, cuando su entonces
esposo, Richard Burton, fue a Oroville (California) para filmar El Klan, Liz lo
acompañó llevando consigo a Cassius. La pareja había alquilado una residencia
en la ciudad, pero Cassius tuvo dificultades para adaptarse al nuevo entorno y
pronto desapareció por el barrio. Luego de buscarlo por todas partes y al no
encontrarlo, Liz le escribió una conmovedora carta, “Carta a mi precioso gato perdido“,
clamando por su regreso, lo que lamentablemente nunca ocurrió: “Te veo, mi niño
precioso, en el reflejo de esas brillantes rocas de color negro y marrón que
tengo adelante. Veo el verde de tus ojos en cada hoja llovida y sudorosa palpitando
en mi mirada. Recuerdo el dulce aroma de tu pelaje en mi cuello cuando estuve
en serios problemas y cómo, a tu manera, me los aliviaste. ¡Y lo sabías!
Siempre supiste cuando sufría y me consolaste, como yo te consolé una vez cuando
eras un gatito lastimado. Te quiero, Cassius. Gracias por tu belleza. Vuelve
pronto por favor.”
1350. “No me gustan los gatos caros, finos, con
pedigree que ronronean posando en los sofás de la sala. Me encantan los otros,
los salvajes y despeinados. Los que cazan pájaros, caminan por donde quieren y
corren por las calles como fantasmas buscando amor. ¿Te has dado cuenta de que
las gatas callejeras están a menudo embarazadas? Es natural, porque también
quieren amar...” (Pablo Picasso, según consta en la página 87 de las memorias de
1939 del célebre fotógrafo francés Brassay)
1349. “Filósofos de todas las épocas / los más
sabios entre los sabios / han intentado analizar en vano con sus mentes / lo
que no pueden siquiera comprender / Te desconcierta a cada paso / como el señor
Hamlet en su obra / Desvía tu razonamiento / finge interés en el hilo o en la
lana / o en cualquier cosa que ruede / Nos enseña que en la vida es mejor dejar
hablar a los demás / y escucharlos decir las tonterías que uno mismo podría
decir…” (“El Gato”, ilustración y poema de Oliver Herford (1863-1935) publicado
en 1900. Herford fue un célebre ilustrador, poeta y dramaturgo estadounidense
conocido como el "Oscar Wilde americano", famoso por su ingenio y su
profunda afinidad con los gatos, reflejada en obras literarias como “The
Kitten's Garden of Verses”.)
1348. “Los gatos logran sin ningún esfuerzo algo
que para nosotros los seres humanos es imposible: pasar por la vida sin hacer
alboroto.” (Ernest Hemingway)
1347. “Mientras escribo Philia viene a sentarse,
a acomodarse sobre mis papeles, toma mi pluma con sus manos de terciopelo, se
recuesta en mí con todo su ser. La acuno como en tiempos de Montaigne y La
Boétie. Qué nombres, cuánto misterio, qué amores. Montaigne no nos dice que ha
llamado La Boétie a su gata por placer, nos lo deja adivinar. Entre ellos, la
costura que hace de los dos una única criatura es invisible. Cuando Philia mi
gata se fusiona conmigo nuestros amores nos transportan más allá de ella y de
mí. Es como cavila Montaigne: 'Juego con mi gata, pero quién sabe si no es ella
la que pasa el tiempo jugando conmigo…' (Hélène Cixous en “Nosotras en suma”.
Como feminista, profesora universitaria, escritora, poeta, dramaturga,
filósofa, crítica literaria y especialista en retórica, ella siempre abordó la
figura del gato (y los animales en general) en su obra, especialmente en
“Animal amor”, como seres que escapan a la categorización humana y poseen su
propio mundo. A través de sus experiencias personales, incluso con su gata
Philia, exploró la alteridad, la convivencia íntima y el amor indómito,
cuestionando la visión tradicional del animal como ser inferior. Cabe destacar
que Philia, nombre que eligió para su gata, proviene del griego y quiere decir
amor fraternal, y por extensión amistad, afecto o afinidad intensa. En la
antigua Grecia representaba un amor basado en la admiración y el respeto. En
italiano Figlia y en portugués Filha significan hija.)
1346. Cuando Winston Churchill vendió su
residencia de Chartwell para las reuniones y veladas del National Trust británico
lo hizo con una inamovible condición: siempre debía haber un gato color naranja
llamado Jock viviendo allí. Y no fue broma; lo hizo constar en las escrituras.
Jock había sido su inseparable compañero y Churchill quería que de alguna
manera su presencia perdurara después de su muerte. Hoy en día la tradición
sigue vigente. Jock VII, un gatito anaranjado rescatado a los seis meses, se
pasea orondo y sin restricciones de ninguna clase por los jardines, salones y
habitaciones de Chartwell.
1345. Irem
Yazici es una extraordinaria artista autodidacta del bordado radicada en
Eskisehir, Turquía. Amante de los gatos, como casi todos en su país, ella ha
creado diversos motivos teniéndolos siempre como modelos. "La idea de
mezclar la tradición inherente del bordado con enfoques modernos me pareció por
demás interesante", postula. Su trayectoria artística empezó en 2014
creando obras que impactan por su belleza, diseño surreal y mágica visión,
explorando en una gran variedad de combinaciones de colores y texturas, las que
además son vendidas como creaciones únicas al no ser confeccionadas en serie.
“Como cada gato es único, mis obras también lo son”, suele decir Irem Yazici.
1344. "Mi marido me decía que eligiera, era
él o mi gato. Pobre. A veces lo echo de menos..." solía ufanarse la devota
gatera Zsa Zsa Gabor, verdadero ícono de una época dorada de Hollywood y
Broadway. Actriz húngara-estadounidense, comenzó su rutilante carrera en los
escenarios de Viena y fue coronada Miss Hungría en 1936. Casada varias veces
entre 1937 y 1986 con adinerados personajes, solía además jactarse: “Soy una
ama de casa maravillosa. Cada vez que dejo a un hombre, me quedo con mi gato y
con sus casas".
1343. Lafcadio Hearn fue un periodista, traductor
y escritor criado en Londres pero nacido en Grecia que se fue a vivir al Japón
en 1890 hasta su muerte en 1904, tiempo durante el cual se convirtió en uno de
los primeros y más influyentes intérpretes de la cultura japonesa para
Occidente. Se nacionalizó japonés como Koizumi Yakumo, enseñó literatura en
Matsue, Kumamoto y Tokio, y escribió obras clave como “Kwaidan: historias y
estudios sobre fenómenos extrañas.” Lafcadio amaba a los gatos y solía pasar
horas estudiándolos en un ambiente social y cultural donde el gato siempre tuvo
un papel muy importante. Entre sus obras se desctaca el cuento «El niño que
dibujaba gatos», publicado en 1898, el que narra la historia de un niño, el
menor de una familia campesina japonesa, que es enviado a un templo para
formarse como sacerdote. El niño se inicia en el sacerdocio mostrando que entre
sus habilidades tiene una obsesión, la de dibujar gatos, lo que no es bien
visto por su maestro instructor porque dificulta su aprendizaje. Así las cosas,
el maestro instructor, tras muchas advertencias para que desista de dibujar
gatos de todas las razas y en las más diversas circunstancias, termina
expulsándolo del sacerdocio. El niño entonces se refugia en un templo cercano
abandonado en cuyos paneles, frisos y paredes continúa dibujando gatos que
cobran vida por las noches para protegerlo. El cuento combina leyendas del
folkclore japonés con elementos sobrenaturales para enfatizar que los gatos
además de amadas mascotas son poderosas figuras espirituales cuya función es
combatir el mal… (Pueden leer el cuento completo en https://lecturia.org/cuentos-y-relatos/lafcadio-hearn-el-nino-que-dibujaba-gatos/)
1342. “Cuando ellos quieren algo esperan que
nosotros, sus sirvientes, porque así nos ven, se lo alcancemos de inmediato, ya
sea su comida, sus juguetes o tan sólo nuestra atención. Hacen de nosotros lo
que quieren…”, y no terminó de decir eso el politólogo polaco Jerzy Targalski
que, en plena entrevista para el programa de televisión holandés
‘Nieuwsuur’, su gato Lisio escaló por su
brazo hasta acomodarse sobre sus hombros y comenzar a lamerle la oreja,
refrendando como absolutamente cierto lo que acababa de decir Jerzy, mientras
en la entrevista continuaba con el análisis de la actualidad política en
Polonia.
1341. Un par de pendientes medievales de oro con
forma de gato, con un peso de 22 gramos y un labrado minúsculo e intrincado de
estrellas, gotas y medialunas aplicadas, mediante la técnica del grano, puede
verse en estas verdaderas reliquias del
arte joyero armenio encontradas en las ruinas del pueblo de Subatán a 15 km de
la antigua ciudad armenia de Ani, floreciente capital del reino Bagrátida, al
este de Turquía, en los siglos X y XI antes de su declinación.