
1360. Adolphe León Willette, (Châlons-sur-Marn,
31 de julio de 1857 - París, 4 de febrero de 1926) amante de los gatos, fue un
pintor, ilustrador y caricaturista francés, conocido por ser el arquitecto del
famoso cabaret Moulin Rouge. Además incursionó en política presentándose como
candidato "antisemita" en el distrito 9 de París para las elecciones
legislativas de septiembre de 1889. En su biografía consta que estudió durante
cuatro años en la Escuela de Bellas Artes de París bajo la tutela de Alexandre
Cabanel, amigo dilecto del Poeta Rimbaud y tantos intelectuales de entonces, lo
que le dio oportunidad de posicionarse entre los humoristas gráficos y artistas
de Francia. Ya en comedia o tragedia, en trivialidad delicada o en sátira
política, su obra lo muestra con una profunda sensibilidad creativa. Fue muy
prolífico y contribuyó a la ilustración francesa con varios seudónimos:
"Cemoi", "Pierrot", "Louison", "Bebe" y
"Nox", de los que se dice fueron los nombres de algunos de sus gatos.
Tuvo participación en la placa identificatoria del mítico cabaret “Le Chat
Noir”, ya que hizo el diseñó original (un gato en la luna) en el que luego se
basaría Théophile Steinlen para crear el icónico cartel estilo art nouveau del
mismo local. (En imagen vemos cómo Willete se autorretrató de joven con su gato
negro Noir sobre su tablero de trabajo.)

1359. 'Es fanático de los gatos. Convive con dos:
García y López. “Son sanadores. Una vez tenía inflamado un ganglio y ellos me
curaron con sus ronroneos", aseguró en el programa televisivo “Cantando
2020” el comediante y presentador argentino Juan Martín Rago, conocido
artísticamente como Jey Mammón.' (www.infobae.com)
1358. “Árbol y gato / Se juntan dos pasiones /
Viento y fuego / Siempre curioseando / No dudéis que os quiero” (Precioso sincero
tanka encontrado en el Instagram de Milena, poeta que edita el exquisito blog https://chymundaendanza.blogspot.com/ que recomiendo visitar)

1357. En vida de Claude Monet, el gato de
cerámica que alguien le había traído de Japón permaneció por años acurrucado sobre
un almohadón, allí donde al maestro impresionista francés le gustaba verlo, en
el luminoso comedor amarillo de su casa y atelier de Giverny, rodeado de
grabados y pinturas japonesas. Sin embargo, tras la muerte del pintor, el gato
de cerámica un día desapareció, desconociéndose hasta hoy por qué razón, si
acaso fue sustraído por algún visitante de la casa o entregado por alguien a
algún coleccionista. En fin, esa parte de la historia aún nadie la ha revelado.
El asunto es que tras la pesquisa organizada por el Ministerio de Cultura
francés y la Fundación Claude Monet finalmente, luego de varios años y a partir
de la denuncia, se logró dar con el paradero de dicha reliquia, la cual estaba
en poder del marchante japonés de arte y numismática Hideyuki Wada, quien inmediatamente
"deslindó responsabilidades" donando el gato de cerámica al museo que
es hoy la casa y atelier de Giverny, adonde de inmediato regresó para volver a
permanecer acurrucado sobre el mismo almohadón en el que Monet disfrutaba
exibirlo para admiración de sus visitantes.

1356. El Bake Neko Matsuri (Festival del Gato
Monstruo) se celebra en el barrio de Kagurazaka en Tokio, Japón, durante el
segundo fin de semana del mes de octubre. La gente asiste disfrazada o maquillada
como gato para el gran desfifle temático que remite al de Halloween con el
aditamento de que conecta con el folklore de los gatos mágicos sobrenaturales o
‘bakeneko’ de la milenaria mitología japonesa. El festival incluye bailes,
espectáculos musicales, puestos de comida y bebidas típicas y de venta de
mercadería alusiva para los amantes de los gatos que en Japón son la gran
mayoría.

1355. “Enséñame tu lenguaje de gato; / el
parpadeo lento, esa mirada cristalina, / el ronroneo con los labios apretados /
y el siseo con la boca abierta. / Déjame caminar con paso tranquilo, con la
nariz en alto. / Enséñame a ignorar los llamados que te hacen. / Que sólo me
interesen el temblor lejano de una caja de galletas, / el tintineo de un
tenedor en un plato de porcelana. / Enséñame ese truco de desaparecer / donde
aparecen abolladuras en los cojines cuando notan tu ausencia. / Muéstrame el
viaje por la cuerda floja a lo largo de las vallas / hacia escondites que nadie
más que vos sabés que existen…” (‘El lenguaje del Gato y otros poemas”, libro
de Rachel Rooney, ganadora del Clippa Poetry Award, publicado en 2011)

1354. “No sé si escribiste: «Llueve fuera de mí»
o «Huyo hacia fuera de mí». / Son trazos que no alcanzo a descifrar, / ahora
que intento ordenar tus emociones veloces, / los gestos repentinos con los que
sorprendías poemas desprevenidos / en la rendija de la ventana, en días como
este. / Aquel día buscabas un cuaderno perdido / en el cuarto, en el salón,
quién sabe dónde / pero yo sabía, y todos lo sabíamos, que buscabas algo más. /
Los fantasmas de la casa, en realidad, sabían más que vos. / Tras las dobles
ventanas, implacables, que aplastan el sonido, / el viento arrastraba la lluvia
desde el norte hasta el sur del país. /Abriste entonces la ventana y el sonido
entró, verdadero, / como la obertura de una ópera ensayada durante meses / y
que ahora te parecía inevitablemente perfecta. / La gata intentaba jugar
contigo. / Pero en aquel instante vos y ella sólo sintieron la lluvia, / sin pensar siquiera en sus consecuencias. /
Llovía. Y bastaba. Ambos compartisteis un asombro animal. / Sacaste las manos
hacia fuera y la gata huyó, / tal vez intuyendo la posible caída del agua sobre
su lomo. / La lluvia resbaló entonces por los nervios vivos de los dedos de tu mano
abierta. / Intentabas en vano apresar el invierno, / esa gracia atmosférica que
ningún documental / sobre la condensación habría sabido explicarte. / Fue
entonces cuando, por fin, te preguntaste / con verdadera seriedad / si vivir no
basta.” (Gran poema que Luís Palma Gomes, poeta portugués, en la imagen que me
envió por mail tratando de tener en brazos a su díscola gata que de ningún modo
acepta fotografías. (https://arvorecomvoz.blogspot.com/ es su impecable blog
que les recomiendo visitar.)

1353. George Harrison con su gato persa blanco
con un ojo celeste y el otro verde en una foto de 1965. George amaba a los
gatos y muy especialmente a Korky, su primer gato en plena beatlemanía tras
mudarse a su casa de Kinfauns en 1964. Korky recibió su nombre del gato del
cómic 'Dandy', obra que George leía de niño. Era un gato tal vez sordo, como
muchos gatos blancos con ojos de colores mixtos, pero muy travieso y juguetón,
del que Pattie Boyd, por entonces novia de George, refirió: “Nunca olvidaré
llegar a casa un día y encontrar las cajas con las cartas y paquetes de los
fans de George esparcidas por el piso. Parecía que alguien había entrado y nos
había robado. Hasta que de pronto vemos que un paquete dirigido a nuestro
adorable Korky estaba abierto, un paquete de una bola de hierba gatera, de esa
que enloquece a los gatos. ¡Qué inteligente que era Korky! Nos miraba con esa
cara de ‘yo no fuí’. Había olfateado y abierto su propio correo enviado por
algún fan.”

1352. Gran amante de los gatos, el dramaturgo
Noël Coward le escribió a su pareja, Graham Payn, desde Jamaica en
1971:“Croydon, que acaba de clavarme las garras en el tobillo, te envía también
sus cariños. Es egoísta, no reprime sus malos sentimientos y le cuesta ser un
poquito más dócil. Pero cómo lo amo…” (Las imágenes corresponden a una sesión
fotográfica en el estudio del célebre Richard Avedon)

1351. Criada en la campiña inglesa, desde niña
Elizabeth tuvo numerosas mascotas, aunque su predilección siempre fueron los
gatos. Uno de los más conocidos fue Cassius. En 1974, cuando su entonces
esposo, Richard Burton, fue a Oroville (California) para filmar El Klan, Liz lo
acompañó llevando consigo a Cassius. La pareja había alquilado una residencia
en la ciudad, pero Cassius tuvo dificultades para adaptarse al nuevo entorno y
pronto desapareció por el barrio. Luego de buscarlo por todas partes y al no
encontrarlo, Liz le escribió una conmovedora carta, “Carta a mi precioso gato perdido“,
clamando por su regreso, lo que lamentablemente nunca ocurrió: “Te veo, mi niño
precioso, en el reflejo de esas brillantes rocas de color negro y marrón que
tengo adelante. Veo el verde de tus ojos en cada hoja llovida y sudorosa palpitando
en mi mirada. Recuerdo el dulce aroma de tu pelaje en mi cuello cuando estuve
en serios problemas y cómo, a tu manera, me los aliviaste. ¡Y lo sabías!
Siempre supiste cuando sufría y me consolaste, como yo te consolé una vez cuando
eras un gatito lastimado. Te quiero, Cassius. Gracias por tu belleza. Vuelve
pronto por favor.”