domingo, 31 de marzo de 2013


Si pudieras tajear la carne del sol 
Verías el polen innumerable saturando su interior 
Miríadas de esporas de luz meciéndose en el aire en silencio 
Desprendiéndose de las alas de mariposa que bate el tiempo 
I
El silencio 
No deja rastros 
Igual que la luz se desvanece 
En un abrir y cerrar de inspiración


II
El silencio
Instila luz 
En él cobra forma lo que no fue 
Como eslabón de la cadena causal

domingo, 24 de marzo de 2013

Un Haiku

Sólo tres versos
Cinco, siete y cinco
Moras sin rima 

Karma


¿Cómo enfrentar el karma? Primero tenés que reconocer su existencia. Después comprender su funcionamiento. De esta manera podés anticiparte a los hechos y desprogramar su accionar. El Sutra del Loto explica el proceso de acumulación del karma y cómo funciona.

El karma es una usina generadora en forma de rueda en cuyo núcleo se almacena y se genera constantemente la carga de energía que hace que tu vida funcione o no a tu favor. Alrededor del núcleo están los engranajes que traccionan circularmente mediante un sistema de ruedas dentadas, una rueda para la Causa y otra para el Efecto, las que funcionan sincronizadamente en la única dirección posible, hacia adelante. Cabe aclarar que para que cada rueda traccione correctamente es preciso mantenerlas siempre bien aceitadas con el mantra correcto.

Cada rueda dentada engrana con la otra repitiendo un mismo funcionamiento que consta de las siguientes etapas, en orden de exposición, como aparecen referidas en el Sutra: una causa inherente (NYO ZE IN), una causa de relación (NYO ZE EN), un efecto latente (NYO ZE KA) y un efecto manifiesto (NYO ZE HO), lo que en términos cotidianos y en orden, según cómo funciona vivir, indica que una causa inherente en tu vida (NYO ZE IN) tiene un efecto que permanece latente (NYO ZE KA) y cuando se da determinada relación con una persona o en determinado medioambiente (NYO ZE EN) se manifiesta el efecto correspondiente (NYO ZE HO).

En otras palabras, lo que ocurre en nuestra vida se debe a una razón concreta, existe una causa inherente para que nos ocurra eso y no otra cosa (NYO ZE IN). En qué lugar y momento y con quién nos ocurre determinado asunto no es algo casual, esa causa inherente se manifiesta en determinado medio ambiente y no en otro (NYO ZE EN). En nuestra vida siempre algo está latente, el efecto de esa causa inherente está esperando manifestarse (NYO ZE KA). La manifestación inevitable de esa causa acumulada es el efecto concreto (NYO ZE HO).

Cada persona tiene entonces la posibilidad de reconocer y aceptar la existencia del karma, también la capacidad de razonar su funcionamiento para así poder enfrentar o neutralizar sus efectos. Pero además sería bueno que encuentres tu mantra. Debe incluso quedarte claro que en esto ni Dios ni ningún otro personaje de ficción tienen nada que hacer. 


viernes, 22 de marzo de 2013


En el espejo del agua
Al alba
Inmóvil
Una nube de silencio
Se disemina
Un fulgor de magia
Envuelve la bahía
Esa lengua de mar que se lame
A sí misma

Como la espuma se esfuma
Sin cesar
Un rumor de neblina
Ronda la orilla
Nubla la mirada del día
Que no termina de despertar
Aflora entre las ramas del pinar
Que oculta un bosque
de fuegos 

Aves de aire con alas de brisa
En la neblina
Destellan
Se erizan
En el luminoso silencio
Brotan
Espacios sonoros de nada
Las formas y acordes
De lo que no existe


martes, 19 de marzo de 2013


Releía “Crónicas” intentando desentrañar cómo hace Dylan para diseccionar los fragmentos de la realidad, de su percepción y también de su invención, es decir los materiales con lo que después compone su obra, cuando caí en la cuenta que en esas páginas (publicadas un año antes) el tipo casi que había presagiado el huracán Katrina que devastó Nueva Orleans en 2005. Lean sino la página 214 del original, publicado por Simon And Shuster el 5 de octubre de 2004, y no me vengan con que yo endioso a Dylan o con que exagero.

Piensen, además, si habrá sido casualidad que días después de la devastadora tormenta (U2, Rod Stewart, Alicia Keys, Neil Young, Foo Fighters, Paul Simon, Dixie Chicks, Dr. John, Garth Brooks, Sheryl Crow y otros artistas) participaran en un festival denominado “Shelter From The Storm” a beneficio de los sobrevivientes del Katrina. Perdonen tan ingenua digresión, pero sólo estoy refiriendo hechos concretos, absolutamente verificables, aunque seguramente opinables. Nada más. Nada menos. Igual lo que yo quería contar no era eso.

Releía “Crónicas” cuando una vez más comprobé que Dylan es una especie de Prometeo que no sólo se reinventa constantemente sino que obliga a rememorarlo, como en este caso, al revisitar sus memorias contenidas en el primer volumen de su anunciada trilogía.

Está claro que mi memoria desvirtúa, que el Alzheimer viene ya tocando a mi puerta mientras hago como que no estoy, a la espera de que se vaya y que jamás regrese, pero la propia literatura de Dylan es un ser viviente, en constante estable cambio y transformación, algo como el texto serpiente de Baudelaire. Digo esto porque me hubiera jugado la vida que era en “Crónicas” que Bob relataba su encuentro con el indio Rolling Thunder. Pero no. En esta relectura me encontré con que era Sun Pie de quien hablaba, un viejo de rostro curtido con rasgos eslavos y que de indio no tenía nada.  

Sun Pie, cuenta Bob, tiene una cabaña llamada King’s Tut’s Museum en Raceland, cerca de New Orleans, donde vende bagatelas, antigüedades y cosas raras que la gente ha desechado por los caminos. Sun Pie puede venderte allí cualquier cosa de casi cualquier lugar del mundo, no sé, el vestido azul de la becaria Lewinsky en el que Clinton dejó un lamparón con su ADN presidencial, una lata de Zyklon B a la que alguien ingenuamente (o no) le hizo una ranura para usar como alcancía, afiches de Mao, Brigitte Bardot y Carmen Miranda, la guitarra criolla con la que el Sundance Kid cantó zambas y chacareras en Cholila, y hasta la tabla del inodoro en la que Perón estaba sentado cuando tomó la decisión de echar a los Montoneros de la Plaza de Mayo.

No sé, pero Sun Pie es de los que piensan que a cualquier persona le podés vender lo que sea que antes le hayas hecho creer. Siempre se encuentra a alguien que más tarde o más temprano, aquí o allá, necesita creer en cualquier cosa. Tal vez también por eso es que creí, durante todo el tiempo entre la primera y la tercera lecturas de “Crónicas”, que Bob contaba allí su encuentro con el indio Rolling Thunder. 

lunes, 18 de marzo de 2013


Nada más desnudo que el silencio 
Ése espejo ciego, vacío de reflejos
Nada más desnudo que el silencio
Delineando el aire con pétalos de cielo
Nada más desnudo que el silencio
Cubriéndolo todo con su manto
Raído de estrías de transparencias
De invisibles hebras de niebla
Como sinuosa analogía de tu ausencia
Nada más desnudo que el silencio
Que se adentraba en mi boca, con tu aliento
Esa pátina de luz que hasta erizaba el viento
No hay nada más desnudo que el silencio