sábado, 12 de agosto de 2017

Tankas para niños (o no)





Alguien tripula
El viento. Prueba si no  
Barrer las hojas
Y mira cómo sopla
De pronto, virulento.


¿Que no me creés?
¿Es que acaso no ves
Cómo dispersa
Lo que la escoba va
Juntando con esmero?


Alguien tripula
El viento. Lo intuyo
Desde pequeño.
¿Quién lo hace planear?
¿Quién navega el viento?


La nave viento,
Que desde siempre vuela
En mi memoria. 
¿Quién desde la cabina
Comanda su manejo?





miércoles, 9 de agosto de 2017

Intento





El próximo poema es el mejor
Tal vez un poema de amor
Una disquisición entre el bien y el mal
O una argumentación que intente demostrar
Que la tan meneada evolución no ha sido tal

Como el mecanismo de Antikythera prueba:
Sólo el mañana es real
Este instante es algo incierto
Y el ayer un interrogante
Mientras voy viviendo
Sin saber si me sueño o si soy 
Si estoy perdido en tu olvido
O acaso me recuerdo


El próximo poema es siempre el mejor
Menos un relato o una definición
Que un intento de elucidación 
Del instante: el eterno ahora del que somos
Apenas, una parte


domingo, 6 de agosto de 2017

Hechos






Palabras sueltas, atisbos
Inasibles metáforas a la deriva del sueño
Rimas desperdigadas, emanaciones
Formas vírgenes, inanimadas voces
De la más indecible instantaneidad
No de una realidad sin par
Sino a la par de la realidad
Hechos, en la más estricta simultaneidad
Hechos del material de los tiempos
Que a cada momento intento 
Atrapar en un verso


miércoles, 2 de agosto de 2017

¿Y qué es el color sino la voz con la que modula sus emociones la luz?







La amarilla voz que al llegar el otoño pinta los árboles  
La plateada que el bandoneón de Piazzolla despliega en origamis
La carmín que en verano rechina la rosa china de mi jardín
La azul que anega mis ojos ensoñados en Satie
La menta que en la penumbra acaricia cada perfil de tu aroma
La indeleble voz que nutre los versos de William Blake
La blanca que se filtra por las quebradas melodías de Billie Holiday
La negra que tiembla en la llama de la vela que pincela tu desnudez
La lila que mana del saxo de Coltrane rondando Central Park West
La dorada que a ráfagas dispara Hendrix con su guitarra
La verde esperanza que luce la mina de vida disipada según Cortázar
La violeta que invade la flor del crepúsculo que en naranja se abre
La cobriza que Robert Johnson instila en sus acordes color carretera
La marrón que entibia la corriente de los diez mil ríos Ganges
La ceniza que gime grismente entre el olvido y la muerte


Bolsa de Gatos 311/320




320. “Consideraciones del Gato Murr”, del escritor, jurista, dibujante, caricaturista, pintor, cantante y compositor musical prusiano Ernst Theodor Wilhelm Hoffmann (1776-1822), es la biografía de dos artistas inequívocamente diferentes. El gato cuyo nombre le da título al libro es un filisteo pedante y un literato acomodaticio, y el músico Kreisler es el prototipo del artista romántico y pasional que lo da todo por el arte. En cierta forma la obra es una sutil alegoría sobre las dificultades que debe enfrentar un artista y es al mismo tiempo referencial de la vida del propio Hoffmann que fue un artista por las noches y un eficiente funcionario judicial durante el día. El hecho de que Kreisler tenga que vérselas finalmente con la locura, en contraste con la cómoda vida burguesa del Gato Murr es, además, una nítida toma de posición de Hoffmann sobre la romántica dicotomía entre el arte o la vida.




319. "Lo que distingue a los gatos del ser humano es que ellos también saben abrir puertas, pero nunca las cierran” dice Ai Weiwei al comienzo de ‘Never Sorry’, el documental de Alyson Klayman que cuenta su vida y su obra como artista conceptual y activista disidente del gobierno chino. Ai Weiwei es hijo del poeta Ai Ping, uno de los referentes de la poesía china actual, y vive en Pekín en una casa especialmente acondicionada para su medio centenar de gatos. 




318. El infernal instrumento al que aludía la entrada anterior, el Piano de Gatos, en verdad existió, y fue obra del estudioso alemán Athanasius Kircher, según consta profusamente documentado en el tomo quinto de la Universalis Musurgia de 1650, quien lo fabricó para estímulo y diversión de un príncipe italiano que padecía muy fuertes depresiones. Cuenta la crónica de este suceso que, tras una ardua búsqueda, Athanasius logró seleccionar a siete gatos con diferentes tonos de voces y que los ordenó en pequeñas jaulas especialmente diseñadas, con sus colas aferradas a las teclas de un piano para que, al ser presionadas durante la ejecución del instrumento, chillaran de dolor, provocando así las diferentes voces o notas en cada uno de ellos. 




317. Este cortometraje de 8’ es obra del estudio australiano The People’s Republic of Animation, está basada en un poema de Eddie White y fue co-dirigida por el propio White y por Ari Gibson y narrada por el músico y actor Nick Cave: “Había una vez, una bohemia ciudad de gatos en la que un gato poeta se enamora de la bella gata cantante que cada noche lo seduce desde un escenario de bar. Todo transcurre con abúlica normalidad en esa ciudad hasta que un día los gatos comienzan a desaparecer. El desconcierto le da paso a la desesperación mientras se va vaciando de gatos la ciudad, cuando también desaparece la gata cantante y el gato poeta no sabe qué hacer ni dónde buscarla... hasta que escucha sobre la oscura leyenda del instrumento infernal que aparentemente ha provocado que desaparecieran sus congéneres: el piano de gatos. (Esta entrada de alguna manera se continúa con la próxima...)




316. “Los gatos son graciosos, pero tienen una gran variedad de extraños modales para demostrar su alegría. El nuestro, por ejemplo, siempre se orina en nuestros zapatos." (W. H. Auden)




315. Hoy 13 de julio se cumplen 90 años del nacimiento de Simone Veil en Niza, sobreviviente de Auschwitz, militante feminista ferviente y enamorada de los gatos, ministra de sanidad del gobierno de Valéry Giscard d'Estaing que promulgó la llamada “Ley Veil” por la que se despenalizó el aborto en Francia, falleció en París el 30 de junio pasado. 




314. “Se comprueba con tristeza que hay muchos menos gatos que antes. A esos extraños y misteriosos dioses de Roma los están exterminando, y las ratas tienen más libertad para salir a prender su cena en las inmemoriales montañas de basuras de todos los rincones… Un gato salido de no se sabe dónde, rayo con pelos, atraviesa entre los automóviles la Vía Garibaldi. Es el primer gato que se ve por el barrio, pues aún en la noche casi ninguno hace ahora su aparición entre los restos de comidas arrojados por las trattorias y restaurantes. Repito y compruebo la desaparición alarmante de los gatos en Roma. Antes, bajo la ventana de mi cocina, desde la que se ve una oleada rítmica, y en diferentes planos, de pálidos tejados maravillosos, dábamos de comer todos los días a más de veinte gatos de todas las edades y tamaños. Las tiernas y, a la vez, feroces palomas descendían de los tejados altos y chimeneas a mezclarse entre el agitado gaterío para aprovecharse de la comida. Siempre observé a los gatos deseosos de merendarse una paloma, pero éstas los amedrentaban a sacudidas de aletazos, que los gatos recibían sorprendidos. A Baudelaire le hubiera entusiasmado aquella escena. Aunque más le hubiera divertido, quizá, ver a una jauría de perros con los ojos sacados por los gatos. Pero en mis tejados no queda ni uno. Ya no escucho desde mi cuarto su desgarrado y doloroso amor, lleno de maullidos y silencios impresionantes…” (Fragmentos del artículo de “Gatos, gatos y gatos y más gatos firmado por Rafael Alberti el domingo 18 de agosto de 1985 en El País de España)   




313. “María Elena Walsh me decía que a los gatos hay que ponerles nombres con varias I, porque la I es un sonido que ellos escuchan mucho...” (Sara Facio se dejó fotografiar con su gata Nefertiti en una entrevista de La Nación en abril de 2011)




312. HUMOR: El gato vive marcando el territorio donde será el centro de atención permanente. 




311. “De pibe yo era alérgico a los gatos”, me dijo. ¿Y qué pasó que ahora convive con ellos como si nada?, le pregunté. “Y me dejé de joder…”, me contestó el escritor argentino Alberto Laiseca, allá por 2001, en el legendario bar La Giralda de la Avenida Corrientes. (CP)