martes, 7 de abril de 2015

Los primeros cien años de Billie Holiday




Tu voz tiene el dulce sabor violáceo que declama el atardecer
El mismo que suena en Turner y que refulge en Coltrane
Ya sea por una callecita de Buenos Aires o de Central Park West
Afina en el spleen de bandoneón que emana de Baudelaire



Tu sangre es de ese color ocre dorado que luce la hojarasca
Por momentos púrpura, con tintes marrones y relieves naranja
Como la savia con la que borronea sus versos de otoño Verlaine
Como la blanca gardenia marchitándose en tu pelo, Billie Holiday






 Me sueño en la barra de algún oscuro bar
Clavándome un trago de vino de plata a tu salud
Y vos acodada al piano de Satie, viéndolo todo blue
Rasgando tu Strange Fruit una vez más
En medio de un escenario para siempre fugaz



Tus ojos son dos lunas negras
Meciéndose en un mar de botellas al mar
¿Te diste cuenta que las sombras no tienen colores?
Cien años te llevó permanecer inalterable, Lady Day
Cien años le llevó a tu voz volverse tan joven





6 comentarios:

Juan Nadie dijo...

Magnífico homenaje.
Me gusta sobre todo la última estrofa:

"Tus ojos son dos lunas negras
Meciéndose en un mar de botellas al mar
¿Te diste cuenta que las sombras no tienen colores?
Cien años te llevó permanecer inalterable, Lady Day
Cien años le llevó a tu voz volverse tan joven."

Genial.

carlos perrotti dijo...

Gracias, Juan, salió gracias a tu recordatorio...

marian dijo...

Qué bueno, Carlos, qué bueno.

Tu voz tiene el dulce sabor violáceo que declama el atardecer, como la blanca gardenia marchitándose en tu pelo, en medio de un escenario para siempre fugaz.
¿Te diste cuenta que las sombras no tienen colores?

carlos perrotti dijo...

Ese me parece el mejor verso: ¿Te diste cuenta que las sombras no tienen colores?

A veces un verso te vale el poema. Gracias, Marian.

SirGatopardo dijo...

Ahí, ahí, habita el duende de los buenos poetas.
Gratitud y admiración.

carlos perrotti dijo...

Gracias mil, Gato, el agradecido soy yo y la gratitud es toda mía.