martes, 31 de enero de 2012

Si tenés ganas de leer...
guionesdecineytele.blogspot.com/


Un pedazo de hambre y un alarido de pan duro
Un tumor de corazón puro y un amor maligno en el culo
Una sinfonía postiza y una dentadura de oro inconclusa
Un disparo de espuma y oleaje y un rumor en la noche
Un pubis bajo la lluvia y un beso todavía húmedo de vos
Una constelación de lágrimas y un pañuelo mojado de estrellas
Un perro de esos que gritan y un silencio ladrándole a su sombra
Un crimen sin arrepentimiento y un pecado sin ningún sentido
Una coordenada de madera de sándalo y un perfume del tiempo
Un manantial de leopardo y una piel de agua fresca
Un cantante de próstata y un cáncer de protesta
Una mañana invisible y una bandera tan primaveral
Un halcón rojo como un puñal y un sol veloz como la tarde
Un asesino misericordioso y un Dios que se declara inocente
Una boca de plata de Alejandría y un astrolabio de fruta jugosa
Un caramelo de fragmentación y una bala de chocolate
Un cangrejo de proa y un mascarón de la Costa de Malabar
Una verdad como pregunta y una religión como instinto
Un collar de palabras preciosas y un puñado de piedras precisas
Un Cortejo para Baudelaire y una prosa serpiente para Prévert

miércoles, 11 de enero de 2012

La Culpa

¿Quién
Acaso
En el ocaso
Despreciaría
La suerte
De una muerte
Veloz
Atroz
Inclemente
Que no lo deje
A uno
Una eternidad
A solas
Con su mente?



Un pacto védico y un himno de silencio
Un poema mutilado y un soldado impúdico
Una mujer entreabierta y una puerta blasfema
Un discurso de bombín y un sombrero revolucionario
Un condenado inmaculado y un lirio del valle decapitado
Un texto en estado de descomposición y un cadáver confidencial
Una respuesta de doce cuerdas y una guitarra de ocasión
Un señor perdido en alta mar y un barco circunspecto
Un ruido light y una ensalada de rotas cadenas
Un actor porno caído y un ángel bien dotado
Un reloj de lengua y un beso de arena…

martes, 3 de enero de 2012


Me quemé una mano la noche de navidad. La mano derecha. Estábamos haciendo chipirones con papas en la plancha cuando el aceite agazapado, hirviendo como un guante de fuego, saltó sobre mi mano. Jingle bells. Jingle bells. Soy de bancármela, de no desesperarme, de esperar a ver qué pasa, pero me dolía mucho, y tuve que rajar al Hospital del Quemado.

El médico me dijo que tenía que doler. “Si duele está todo bien”, fueron sus primeras palabras. “Si duele es porque la quemadura fue superficial. Si no doliera sería para preocuparse. La quemadura habría arrasado la piel y las terminaciones nerviosas de los dedos. Así que está bueno que te duela. Tranqui”, concluyó. Lo miré como si realmente me tranquilizara. Suelo ser así de complaciente.

Después vino un enfermero y, mientras me curaba, pensé: “Es filosófico lo que dijo el médico. La vida tiene que doler. Todo lo que duele deja enseñanzas, se valora, es significativo, y merece ser contado. La vida real no tiene nada que ver con toda la mierda puritana que nos cayó encima como tradición, educación, religión, ideología, superstición o moraleja.

Jingle bells. Jingle bells. Sonaba el parlantito del arbolito de la Guardia donde se ve cada espanto. Afuera la calle reptaba a esa hora desierta. La noche se retorcía en el calor salado y pegajoso como una babosa. La saqué barata, pensé, paré un taxi con la mano vendada y me volví a casa reconfortado por el dolor, o al menos por la nueva lectura del dolor con la que el médico me había reseteado.

Un rato después ya estábamos todos nuevamente en familia bajando los chipirones con un buen extra-brut. Cada tanto arrugaba la cara porque me ardía la mano. Pero estaban buenísimos los chipirones. También las papas con oliva y pimentón. En eso escuché que alguien confirmaba que yo la había sacado barata. En seguida fueron las doce y sonaron los primeros cohetes.

Con los días comprendí que si algo hace la vida es doler. Pero está todo bien. Las verdades las tenés siempre tan cerca de los ojos que no las ves. Eso me gustaría decirle ahora al médico filósofo.

Jingle bells. Jingle bells. Lo malo fue que desde aquella noche no volví a teclear mi máquina. Lo bueno es que tengo este cuentito de navidad para contarte.