viernes, 7 de octubre de 2011


A Patti Smith
(pensando en su Obra. después de leer su libro Éramos unos Niños)

De Peter Pan a Simón Bolívar
Pasando por el bombardeo a Guernica
No querías crecer. No querías acallar el mar
Con tu canción de silencio de incierta melodía

Marinas tormentosas en el ocaso del día
Retrato impermanente del instante en que la luz se ha fugado
Recién caída la tarde. Ya entrada la noche
Crepúsculos que solo Albert Ryder había pintado

Barcos encallan en tu costa hambrienta
Los espejos están vivos, inagotables de mareas
Reflejos cortantes, imágenes deshabitadas, ya muertas
Tienen la mirada rota, huelen a amarillo, a piel sedienta

Había una vez, de una vez por todas
Una reina guerrera con su corona de sombras y lirios
Juana de Arco, embravecida armadura de llamas y delirios
En el silencio plagado de ecos como la noche de grillos

Dar a luz un alarido de la poesía por venir
El sol derritiendo cada hebra azul de la neblina
Querías creer. Ser. ¿Qué voy a ser? Decías en soledad
En el frío vacío de tu respiración entrecortada de caricias

Palabras temblorosas y escuálidas como cabras
Enclenques palabras con las que el destino te labras
Tu sensualidad subterránea. Toda esa mierda simultánea
Entre el bien y el mal. Ser. No ser. Entre la espada y la pared 

El bien y el mal sobre tus hombros. A cada lado.
En el derecho Oscar Wilde. En el izquierdo Baudelaire
Nadie debe vivir arrodillado. Morir antes que temer
Dos ángeles caníbales paseando por Washington Square

Encontraste consuelo en Rimbaud, en sus ojos color cielo
Fue en el verano en que Saint John Coltrane murió
Cuando el silencio se extendió sobre vos como un desierto
Como un manto de sombras sobre tus alas levantando vuelo

Entre santa y artista, te saliste con la tuya
Tuviste fe de que nada marchita la primavera
Querías soñar. Fuiste tu destino sin dejar de ser la primera
Tu aroma a rojo neón, tu solitaria calle interior, tu voz verdadera

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