1400. “Proteger a sus tres gatitos Percy, Polly y
Pete de los cariñosos pero asfixiantes abrazos y apretujones de la pequeña
Shasha de dos años resultó una tarea ardua para Millie, la gata madre. Incluso
con la constante vigilancia de Millie y la madre de la beba Shasha las
posibilidades de supervivencia de los gatitos parecían escasas hasta el día en
que Shasha cumplió tres años. Porque a esa edad los bebés se convierten en
niños y los gatitos en compañeros de juego en lugar de juguetes...” Reseña de
‘Percy, Polly y Pete’, libro de 1952 de Clare Turlay Newberry en el que
encontramos la reconocida combinación perfecta entre su prosa e ilustraciones y
la formidable encantadora identificación que tenía con los gatos. La historia
que narra es simple y los dibujos de trazo firme con toques de rosa y azul
violáceo exhiben una característica distintiva de sus trabajos ricos en
texturas y poseedores de esa ternura con la que siempre supo cautivar a sus
lectores.
1399. Clare Turlay Newberry (10 de abril de 1903
- 12 de febrero de 1970) fue una escritora e ilustradora estadounidense con 17
libros infantiles publicados y que alcanzó la fama por especializarse en dibujar
gatos. Nacida en Enterprise, Oregón, comenzó a dibujarlos con apenas dos años y
vendió sus primeras ilustraciones a la revista infantil John Martin's Book al
cumplir los 16. Pasó un año en la Universidad de Oregón, luego estudió arte en
la Escuela del Museo de Arte de Portland y más tarde en la Escuela de Bellas
Artes de California. En 1930 fue a París a estudiar en la Académie de la Grande
Chaumière. Al año siguiente, deseosa de volver a su país, ilustró un cuento que
había escrito antes de partir hacia París, sobre una niña llamada Sally que
recibió de regalo un leoncito (siempre los felinos en sus obras) para su
cumpleaños. Fue publicado con gran éxito como su primer libro y se llamó
“Herbert el León”. El New York Times lo elogió como «un libro refrescantemente
imaginativo, repleto de ingeniosos hilarantes disparates ». Su siguiente libro,
“Mittens”, cuenta la historia de un niño de seis años que publica un anuncio
buscando a su gatito perdido, y nuevamente convertido en éxito de ventas fue
declarado uno de los Cincuenta Libros del Año por el Instituto Americano de
Artes Gráficas. Tuvo cuatro libros galardonados con el gran premio Caldecott
Honor. Ellos fueron: “Barkis”, sobre una hermana celosa del gatito de su
hermano; “Marshmallow”, sobre la relación entre un gato y un conejito; “April's
Kittens”, sobre una familia con un gatito polizonte en un apartamento donde
sólo se permitía tener un animal y “T-Bone the Babysitter”, sobre un gato con
fiebre primaveral. Su libro “Smudge” también fue considerado uno de los
Cincuenta Libros del Año de la AIGA. En 1946 su obsesión con los felinos la
hizo comprarle un ocelote al que llamó Joseph por 500 dólares a un marinero
venido de Venezuela. El New York Times tituló la noticia "No es demasiado
comprarse también un ocelote?" Tan famosa fue siempre Clare Turlay
Newberry por su gatidad.”
1398. Según contó en una entrevista la actriz
estadounidense criada en Argentina Anya Taylor-Joy decidió adoptar a su gato
Kitsune de raza Ragdoll (muñeco de trapo) cuando firmó un contrato por el que
debía vivir durante un año en Australia, donde se llevaría a cabo la filmación
de “Furiosa. A Mad Max saga”. “Se veía que iba a ser un mundo demasiado intenso
ese rodaje y que me sentiría con la necesidad de tener a alguien esponjoso a
quien amar, que me colmara de afecto y me proveyera serenidad. Venía yo de una
situación sentimental muy compleja. Por lo que, entiéndeme por favor, Kitsune
no es mi gato sino mi bebé peludito, mimoso y dormilón.”
1397. "Por la mañanas, cuándo mi gata quiere
que me despierte, se acurruca sobre mi pecho y me da palmaditas en la mejilla
con su patita. O, si estoy de costado, se acurruca cerca de mi cara y me da
suaves muy suaves caricias con su patita. Cuando abro los ojos le digo que no
quiero despertar. Cierro los ojos y me da suaves palmaditas en los párpados.
Luego me lame la nariz y empieza a ronronear
a cinco centímetros de mi cara. Entonces, mientras sigo fingiendo estar
dormida, me muerde delicadamente la nariz hasta que me río y me levanto. Y ahí
salta de la cama y baja corriendo las escaleras: para que le abran la puerta
trasera si es verano o para que le dé de comer si es invierno". (Doris
Lessing)
1396. «El Tango del Morrongo» es un popular cuplé
de principios del siglo XX, interpretado por cantantes tales como Nati Mistral,
Marujita Díaz, Amalia Molina, incluida Carmen Sevilla en la película “Una mujer
de cabaret” de 1974. La letra destaca por su carácter pícaro y de doble sentido
aludiendo a un gato (en España les llaman «morrongo»). Aquí un fragmento bien
descriptivo: «Arsa y dale, yo tengo un morrongo / que cuando en la falda así me
lo pongo. / Arsa y toma, yo tengo un minino / de cola muy larga, de pelo muy
fino. / Si le paso la mano al indino / se estira y se encoge de gusto el minino
/ y le gusta pasar aquí el rato; / ¡ay, arsa que toma, qué pícaro gato! / Ay,
qué fino, ay, qué fino / el pelito que tiene el minino. / Ay, morrongo, ay,
morrongo / qué contento si así me lo pongo.»
1395. Jean Honoré Fragonard, (1732-1806)
maestro del rococó y cuñado de su discípula Marguerite Gérard,
(1761-1837) pintaron en juntos “El gato de Angora” en algún momento entre
1783-1785. Esta icónica pintura, expuesta en el Museo
Wallraf-Richartz de Alemania desde 2011, representa a una joven elegante
mirando a su gato blanco de angora mientras juega con una esfera reflectante.
Lo más fascinante de la obra son sus detalles ocultos: los artistas se reflejan
en la esfera pintando en sus respectivos caballetes sus autorretratos. En
formato vertical este complejo óleo sobre lienzo muestra la escena
desarrolándose en el interior del estudio donde una anciana sirvienta, escondida
en la penumbra al fondo, observa todo con divertida curiosidad tras la puerta
entreabierta, mientras un pequeño perro ese revuelca sobre el piso de madera en
el ángulo inferior izquierdo.
1394. Ara Malikian, virtuoso violinista libanés
de ascendencia armenia radicado en España, muestra frecuentemente en sus redes
sociales a sus gatos Dorado y Plata. Son los felinos compañeros de juegos de su
hijo Kairo y a menudo comparte imágenes de ellos y sus diferentes reacciones
ante sus interpretaciones, tanto aquellas que los divirtieron y alegraron como
algunas de tensión y desagrado, como en una ocasión que se hizo muy popular
cuando Plata (en la foto con Ara) gruñó y salió corriendo furibundo ante la
ejecución de un nuevo innovador arreglo del Capriccio N.5 de Paganini.
1393. Instantáneas gatunas - "Fumador de
opio con su gato" es una fotografía de 1905, muestra a un hombre con su
gato en un fumadero en la Chinatown de San Francisco. Tales fumaderos, aunque
clandestinos, eran habituales durante la Fiebre del Oro del siglo XIX. La copia
original se conserva en la Biblioteca de Investigación North Baker y es
custodiada por la Sociedad de Historia de California.
1392. El poeta Allen Ginsberg sentía un gran
cariño por los gatos y tuvo varios a lo largo de su vida. En una carta de 1954
para el poeta y escritor Jack Kerouac escribió: «Tengo un gato sobre mi hombro
mientras te escribo». No está claro a qué gato se refería, pero pudo haber sido
el que tuvo durante el período que pasó en una habitación destartalada del
Hotel Beat en París junto a otros compañeros escritores. Años después, ya de
vuelta en Nueva York, tuvo un siamés al que llamó «Howl», en honor a su icónico
poema «Aullido». Ese siamés fue un compañero entrañable y aparece
frecuentemente en fotos y registros y en conversaciones sobre la vida y obra de
Ginsberg. Sus gatos, en definitiva, aparecen también en pequeños poemas que
mandaba a los suplementos de los diarios, entre los que destacan versos tales
como: «La verdad se me sube a la cama ronroneando como un gato negro".
Ginsberg escribió otra vez sobre los gatos: "Un mundo aprendí de cada uno
de los gatos que amé". (Esta foto de Ginsberg y Howl fue tomada en el
departamento del Poeta en el 170 East 2nd Street, Nueva York, el 9 de enero de
1960.)
1391. El rescate de animales tras los terremotos
en Venezuela dejó historias conmovedoras, siendo el caso más viral el de Luli,
una gatita que sobrevivió 23 días bajo los escombros. Fue localizada en Catia
La Mar, estado de La Guaira, por sus maullidos que alertaron a los equipos de
socorro. Los bomberos y rescatistas trabajaron por horas para sacarla con vida
y la llevaron a un campamento veterinario. Más de 600 mascotas han sido
rescatadas en las zonas devastadas por los terremotos del 24 de junio de 2026,
generando emotivos reencuentros con sus familias. (CNN en español)










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