lunes, 24 de mayo de 2010


Feliz Cumpleaños, Bob.

La mediocre unanimidad acerca de que Bob Dylan es un gran poeta me desquicia. Hagan la prueba. Conversen con cualquiera sobre su obra y comprobarán que, desde el lugar común más banal, la gran mayoría asiente estúpidamente sobre "sus innegables condiciones literarias". Ahora que lo pienso, tal vez por eso alguna vez compuso Under The Red Sky. Es probable. Bob suele ser así de irónico, así de sutil y filosamente irónico.

Más que sus lyrics, más que su poesía - que para mí fueron siempre inspiradoras - valoro su música, sus composiciones, melodías que no soportan corsé interpretativo alguno y que prueban, a cada concierto del Never Ending Tour en el que hace rato nos tiene embarcados, que están vivas, o más nítidamente diría, que son seres con vida propia, canciones vivientes que crecen, laten, tienen temperatura, ardores, temblores y humores, se dilatan y se contraen, se desenvuelven, se metamorfosean y se convierten, evolucionan, transmigran y una vez más renacen para volver a espiralar el ciclo infinito y encontrar otras formas y cauces de una obra que Bob continúa revisitando como a su ya mítica Highway 61.



Dylan manifiesta un gran coraje cuando recrea sus canciones en cada presentación y, parafraseando su lúcida conclusión en el estribillo de My Back Pages, logra que sus melodías del pasado sean cada vez más jóvenes.

Creo que al momento de considerar su obra nadie debiera olvidar que en los últimos 50 años los escritores de canciones se han aferrado de manera casi unánime y con idéntica desesperación a las melodías que lograron desprender de su inspiración, en tanto que Bob es un artista que percibió que lograba eternizarse reinventando constantemente su obra, es decir, su vida hecha canciones.

Happy Birthday, Bob.

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