lunes, 2 de febrero de 2009


NIRVANA
Por las letras de sus canciones en las que de pronto su arisca poesía asoma el hocico para volver a ocultarse en seguida, por todo lo que se dice acerca de su vida que sea cierto o no qué importa, si me lo creo, Kurt Cobain vivió como murió, y aún permanece.

No es extraño que su grupo se llamara Nirvana. Tampoco es casual o irrelevante. Tien-tai, el Gran Maestro del budismo chino del Primer Milenio, ubicó a la designación entre las nobles acciones. "El nombre revela la esencia", enseñó.

Nirvana es un término sánscrito que alude a la Iluminación, verdad última y propósito de la práctica budista cotidiana, que literalmente significa “apagar la luz” y, por extensión, “la nada”.

El budismo explica que la iluminación y la oscuridad mutuamente se contienen. Kurt Cobain fue coherente como persona: busco la luz y encendió la oscuridad, se adentró en la nada de su ilusión humana. Pero fue incoherente como artista y cometiendo suicidio nos negó todo el talento que aún tenía para dar.

Su desapego fue extremo, como su indolencia, pese a tan elevado grado de dolor. Apagó la luz y apagó su vida. Iluminó la oscuridad reinante en este mundo con su talento atormentado, y se ilusionó ignorando que la Iluminación también es humana.

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