jueves, 20 de diciembre de 2012


Las palabras tienen un aura  
Una emulsión
Como indeleble traducción
De su invisible karma
De ahí que las palabras son como armas
Cargadas de acepciones, pulsiones y pulsaciones
Que traban las lenguas
Que vociferan a los cuatro vientos
Que desentrañan la trama macabra
Las telarañas de lo establecido
Ya sin ningún sentido
Que hay buenos y hay malos
Justos y pecadores
Como Dios manda
Ganadores y perdedores
Que lo normal es lo correcto
Que eso no se hace ni se dice
Que las palabras labran
Enhebran, enervan, braman
Cuando no ladran
Que descalabran
Trastabillan
Hacen trampa, inquietan, aquietan
Incitan, prestidigitan, se agitan
Te despiertan
Veneran venéreas mentiras
Como si fueran verdades
Se enmascaran, se vacían
Se enciman unas a otras, se abisman
Se aíslan, se ensimisman
Se rebelan, son ellas mismas
Palabras que más que palabras son prismas
Compuestos de caras, vértices y aristas
Donde la luz impacta y la verdad se refracta
En infinitos significados y puntos de vista
Sutras escritos en el agua y en el aire
Con letras, cifras y citas
Eternamente impermanentes, inciertas
Palabras que son como cada instante
Una puerta
Que se abre a infinidad de otras puertas
Palabras que han estado demasiado tiempo ocultas
Encerradas en sus claustros
Palabras que son como rostros
Que nadie recuerda
Que dicen haber olvidado todo lo que saben
Pero que ya tendrán que rendir cuentas

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