miércoles, 16 de diciembre de 2009

En un cuarto en la terraza de su casa en Cadaqués
un niño enfermo de genialidad
pasa las siestas de verano metido en el agua tibia de un piletón desde donde ve siempre la misma vista del mar de Cadaqués a través de una ventana. Con los años
ése niño eterno de genialidad
pintará infinidad de veces con infinita variedad de motivos y motivaciones de artista la misma vista del mar de Cadaqués.

Las decorativas cabelleras de nubes de hongos atómicos
Los vientres del hambre engendrando humanas deidades
La banalidad del tiempo... derritiéndose incansablemente
Descorriendo el velo, la piel de este instante de eternidad
Las partículas infinitas suspendidas trazando significados
Flotando como migas de pan duro en el aire desarticulado
Hasta reencontrar el camino de regreso a su inmortalidad
Son su razón de ser, su legado, su advertencia: su verdad

¿Quién salvará a Salvador?
Gran Mantis Hiperrealista
Que fascina al espectador
Para finalmente devorarlo
Devocionando a Leonardo
Inspirándose en Velásquez
Envidioso de la vida misma
Aterrado frente a la muerte
Haciendo Gala de su Arte
Paul Éluard burlado aparte

Caminaba por ese desierto tantas veces por él pintado
Sólo se veía una stupa en eones de kalpas a la redonda
Un vacío atestado en medio de la agrietada desolación
Profetizando el hipercubo, ícono de su devoción profunda
Simbolizando el tríptico supremo: Arte, Ciencia, Religión

La ferocidad de la traición y el deseo
Cuerpos alados, inmóvilmente vivos
Impúdicas visiones, demasiado vivas

Gala de tan infiel tan azul tan pálida tan insípida
Frígida musa mosquita muerta que inspiraba su vida
Paul Eluard herido de muerte en el honor de su poesía
Mientras revelaba que en este mundo otros mundos había
Jamás imaginó que en la tímida Gala una Gala infiel existía

Inmortalizar sin eternizar
Fue la finalidad de la denodada obsesión de Dalí

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