miércoles, 27 de febrero de 2013


Príncipe de la Luna
En quien creo, si es que creo en alguien
Príncipe del Palacio de la Noche
El propio Buda nos enseña a venerarte

Mientras hurgo en mi fe, mi bala de plata
Mi horizonte, mi verdadero interrogante
Dejo en dudas lo real
Sin coartada alguna
La fe es animarse a dudar
A tener fe en la duda
Mi fe es una bala de plata
¡Príncipe de la Luna!

Mientras las mareas de mi corazón
Se elevan, bajan, ofenden y veneran
La noche es una travesía de estrellas fugaces
Un manto que se despliega a cada instante
La fe es animarse a dudar
A tener fe en la duda
Mi fe es una bala de plata
¡Príncipe de la Luna!


jueves, 21 de febrero de 2013

La, la, la...
El destino no es el final  
Sino apenas 
El comienzo del camino

No es un lugar
Al que alguna vez
Vayas a llegar
Sin antes andar
La, la, la…

El destino es el camino
Por el que vos decidís
Escapar o caminar

No es un logro
Que vos puedas
Conseguir
Sin tener que vivir
La, la, la…

El destino es ahora
El futuro es el camino
De donde venimos

La pregunta es
Qué hacemos
La respuesta es
Adonde vamos
La, la, la…

miércoles, 20 de febrero de 2013

A Georgia O'Keeffe

La sed lame tu piel
Hace brillar
La tibia brisa
Que desprende tu sonrisa

Tu cuerpo es un sol
En carne viva
Tus labios irradian
Como un néctar de agua sedienta

Mi boca es un mar
Que quema
Una Babel de fluidos
Haciéndose luz entre tus piernas

Mi lanza escarba
En tu herida
Irme en vos

Es volver de alguna otra vida

Tus ojos se nublan
Semen de cielo
Yo no despertaría
Aunque fuésemos un sueño

sábado, 9 de febrero de 2013


Es probable que ya todo haya sido contado 
Pero aún se me ocurren demasiadas formas 
Para ir contando. Las mismas ideas, miserias 
Los mismos desvelos. Nada nuevo. Es cierto 
Lo que se cuenta vale hoy cómo se lo cuenta 
Qué paleta o qué pluma sino la tuya? Piensa 
El mismo sentimiento, mismo destino incierto

lunes, 4 de febrero de 2013


La contribución de Robert Johnson difícilmente pueda ser alguna vez sondeada. Frecuentemente su obra aparece mencionada como corta. Es probable que sea válido utilizar tamaño adjetivo. Pero lo que nunca se le podrá aplicar es un sinónimo como fugaz, mucho menos transitorio o efímero, tal vez sí lacónico, pero jamás limitado o insignificante. Más bien todo lo contrario.

Los 29 blues compuestos por Robert Johnson, así como los tres o cuatro volúmenes que reúnen la prosa, la poesía y las cartas de Arthur Rimbaud, aunque pudiéramos convenir que no conforman lo que llamaríamos obras extensas, y puesto que no dejan de ser decisivas, con lo que tienen de definitivas, avergüenzan a los miles de tratadistas y tratados sobre lo que un artista tiene o no para decir. 

Robert Johnson y Arthur Rimbaud seguirán influenciando tanto a músicos como poetas todo el tiempo que al blues y a la poesía les quede de vida. Ellos prescindieron de las cualidades descriptivas en sus composiciones y tuvieron el coraje de no explicarlas demasiado, entregaron hasta la última gota de inspiración, con la secreta esperanza de que llegaran vivas, no disecadas, al eterno porvenir.

Arthur Rimbaud es otro y es también su poesía. Robert Johnson es blues, es creíble, puro, genuino. No la va de bluesman. En eso reside el valor y la influencia de su incalculable contribución. Es creíble su dolor, su lacerante melancolía, la desgarradora pena de su alma. 

Yo no sé si Robert Johnson hizo un pacto con El Diablo en el cruce entre la autopista 61 con la 49 a cambio de que la esencia del blues le fuera revelada. No sé si es cierto que un cantinero celoso envenenó su whisky cuando descubrió que se encamaba con su mujer, o si murió de sífilis. No sé si estuvo preso por vago y pendenciero o si terminó loco de atar en un hospicio. Lo que sé es que nos dejó 29 blues tan transcendentales como todas y cada una de las memorables páginas escritas por el también poco prolífico Arthur Rimbaud.